Abelardo Castillo nació en San Pedro, provincia de Buenos Aires, y luego
se trasladó a la capital, donde realizó toda su carrera literaria.
En 1967 publicó la que hubiera sido su primera obra, una
nouvelle o cuento largo, redactada
originalmente en 1956, cuando el autor tenía 21 años y se encontraba realizando
el servicio militar. La casa de ceniza,
tal es su título, es quizás una de las narraciones más interesantes y a la vez
menos consideradas de la literatura argentina. Novela gótica alucinada y profundamente
inspirada en el mundo de Poe y Hoffmann, remite, retrospectivamente, a las
intrigas siniestras de José Bianco, a la relación entre el arte y la locura que
desarrolla Sabato en El túnel, y a
una cierta mística invertida propia de Arlt. Castillo entronca así con una
reducida tradición del relato gótico establecida en la literatura argentina
desde las narraciones de Juana Manuela Gorriti, Leopoldo Lugones y Horacio
Quiroga, hasta algunos aspectos de la obra de Jorge Luis Borges y Ernesto
Sabato, llegando a la actual Tempestad y
asalto (2009) de Ángel Faretta.
Como creación literaria, el diabólico pintor Matías
Wenzel está a la altura no sólo del Fernando Vidal-Olmos de Sabato o del
Astrólogo arltiano, sino que también puede ser comparado sin desproporción con
el Kurtz de Joseph Conrad o el Ahab de Melville.
Su retórica, a medio camino entre la oscura poesía
iluminada de William Blake y, según el propio autor, ciertas descripciones
pictóricas realizadas por el filósofo Jean-Paul Sartre, abunda en metáforas
perturbadoras y una forma depurada de locura romántica. Para describir uno de
los ominosos cuadros de Wenzel, por ejemplo, Castillo dice: “Él ya había
pintado alguno de aquellos cuadros insólitos y sobrecogedores, como
martirizados de luz, aquellas figuras que parecían ocultarse, desaparecer ante
los ojos al ser miradas”. No resulta difícil encontrar aquí el eco de “El
modelo de Pickman” de H.P. Lovecraft.
Por lo demás, el devenir de su obra después de los
sesenta, la forma en que no fructificó una gran fuerza imaginativa para
construir símbolos de la oscuridad humana, me hace pensar que Castillo habría
podido ser, en algún punto, la continuidad, el mejoramiento, que Sabato no llegó a tener.

No hay comentarios:
Publicar un comentario